“1. Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.
2. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.
3. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
4. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;
5. para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.”
Lucas 2:1-5
José fue un hombre obediente, le creyó a Dios, y a pesar de lo inconsistente de la situación personal que estaba experimentando, pues su enamorada, la mujer con la cual habían planificado un futuro juntos, la mujer a la cual le había pedido que fuera a esposa, de pronto, faltando poco para casarse, ella le dice que está embarazada, y él no era el padre, y además le explica que un ángel se le apareció y le dijo que tendría un hijo de Dios… inevitablemente la duda atacó a José, aún creyéndole, no podría explicárselo al resto de la familia, por lo cual él mismo ángel se le aparece a él y le ratifica la versión de María, y que debe aceptarlo… y José lo acepta, lo cree, y obedece… y asume la tremenda responsabilidad que todo esto implica, José no dejó de amar a su prometida, y acepta casarse, y esperar hasta que el niño nazca para poder consumar su matrimonio.
Si José no le hubiese creído a Dios y hubiera rehusado seguir con ella, y la deja, a ella la habrían apedreado, pero José asume esta paternidad, y en los versículos que leemos hoy, lo vemos rumbo a Belén para ser empadronados, y todo esto sería el inicio de algo tan maravilloso que ha trascendido por el bien de toda la humanidad.
Pr. Herman Gajardo P.


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