“37. En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

38. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

39. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Juan 7:37-39

Es maravilloso leer estos versículos, pues vemos a Jesús totalmente empoderado de su ministerio, y de demostrar quién era Él, la gente lo reconocía por los milagros que hacía, pero solo los más cercanos podían realmente compararlo con el Mesías descrito en las escrituras. Jesús, a pesar que los judíos lo buscaban para matarlo, Él igual fue hasta Jerusalén, y hasta estuvo enseñando en el Templo, y aunque procuraban prenderle, Él se escabullía, realmente predicar en esas condiciones, estoy seguro que lo hizo para darnos ejemplo de confianza en que el Dios que nos envió al ministerio, también velará por nuestra seguridad, hasta que cumplamos a cabalidad su propósito.

El versículo 37 describe que en el último día, de la fiesta judía que se estaba celebrando, Jesús se pone de pie y declara: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”, presentándose a sí mismo como la fuente de agua de vida, reiterando lo que le había explicado a la mujer samaritana, cuando estaba junto al pozo de Jacob, y esto enfureció a los fariseos, pero Él no se inmutó, y prosiguió con su predicación diciendo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”, qué tremendo desafío para los que le escucharon y para nosotros hoy día, pues esto Él lo dijo profetizando lo que sucedería en relación al Espíritu Santo que fue derramado, después que Él ascendió al cielo, y esos ciento veinte que esperaron tenazmente la promesa del Señor, y desde ese día la Palabra de la predicación, comenzó a fluir como ríos de agua viva desde cada creyente bautizado en el Espíritu Santo. Y también es una promesa vigente para ti hoy.

Pr. Herman Gajardo P.