“9. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban.

10. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.”

Hechos 6:9-10

Esteban no fue un apóstol, él fue uno de los siete diáconos elegidos para ayudar a los apóstoles en los inicios de la Iglesia, y por supuesto, Esteban era un hombre “lleno de fe y del Espíritu Santo” (Hechos 6:5), lo cual nos da un indicio de la capacitación que hace el Espíritu Santo en las personas. En el versículo 9, que leemos hoy, dice: “Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban”, o sea, eran muchos religiosos e intelectuales de ese tiempo, que según ellos conocían muy bien las Sagradas Escrituras, pero al igual que hoy, hay muchos que conocen muy bien la Biblia, pero solo es conocimiento, pues no han sido transformados por la Palabra, no han puesto en práctica sus enseñanzas, no han sido llenos del Espíritu Santo de la promesa, y eso marca una gran diferencia, pues en el ejemplo bíblico que vemos hoy, Esteban no era un intelectual reconocido, ni era parte activa de ninguna sociedad, él simplemente era un hombre de fe, y que fue lleno del Espíritu Santo, quien lo capacitó para cumplir un propósito divino.

El versículo 10, nos aclara esto, al decirnos: “Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba”, Amén..!!, cuando estamos llenos del Espíritu Santo, la sabiduría que habla por nosotros no es la nuestra, no es la aprendida según los conceptos del mundo, pues nuestra sabiduría viene del cielo (leer Santiago 3:13-18). Muchas veces predicamos, compartimos el evangelio de salvación, pero no hay una respuesta concreta, lo cual no debe desanimarnos pues nosotros hablamos y apelamos al intelecto, pero el Espíritu Santo es el que “convence al mundo de pecado” (Juan 16:8).

Pr. Herman Gajardo P.