“ 19. por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
20. y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
21. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado
22. en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;”
Colosenses 1:19-22
El Plan de Salvación, diseñado por Dios, solo se complementa en la persona de Jesucristo. Y a Dios le agradó que en Cristo, habitase toda Plenitud, para poder cumplir el propósito de nuestra redención. Bendito amor de Dios que nos amó de tal manera que es difícil comprenderlo. Quizás los ángeles trataban de entenderlo, de asimilar que Dios había determinado salvarnos, por eso, cuando Jesús nació en Belén, ellos estaban tan gozosos, declarando las buenas noticias del nacimiento del Salvador.
La forma escogida por Dios, para perdonar nuestros pecados, era un sacrificio, de la forma en que la ley de Moisés lo detalla y explica claramente. Abel lo hizo como adoración y agradecimiento. Abraham lo simbolizó con su hijo, y refleja lo que Dios había planificado con su propio hijo. Sería la única forma, la sangre de animales no servía, la de un humano común tampoco, tenía que ser divino y humano. Dios tenía que intervenir en nuestra existencia. Dios quiso vivir entre nosotros. Emmanuel es su nombre profetizado. Jesús es el nombre apropiado (significa Salvador).
“ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte” declaran los versículos 21 y 22. La muerte de Cristo nos ha reconciliado en su cuerpo de carne con Dios. Jesús cumple su misión de Salvador. Nosotros somos los beneficiarios de su gran sacrificio. Él dió su vida (humana como nosotros), pero al tercer día resucitó (Él era la vida) y se levanta con un propósito previamente definido por Dios, y demuestra que con su muerte paga el precio de nuestra redención y al resucitar, nos resucita a nosotros y nos presenta ante el Padre, como santos y sin mancha e irreprensibles delante de Él... misión cumplida. Maravilloso Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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