“2. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.

3. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.

4. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

5. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

6. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?

7. Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

8. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

9. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.”

Juan 6:2-9

Al leer estos versículos, aprendemos que había un estanque llamado Betesda, que significa Casa de Misericordia, el cual tenía cinco pórticos o accesos, y en ese lugar ocurría de vez en cuando algo sobrenatural, algo milagroso, pues un ángel bajaba del cielo, movía las aguas, y el primer enfermo que entrara en el agua era sanado de cualquier enfermedad que padeciese, por lo cual, y en espera de un milagro, una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, estaban expectantes cada día en esos pórticos, pues era su única esperanza de ser sanados, aunque solo uno era sanado cuando el ángel aparecía.

Cuando Jesús llega a ese lugar, ve a los enfermos y le llama la atención un paralítico que estaba postrado sobre su lecho, y le pregunta cuánto tiempo lleva enfermo, y el hombre le responde que hace treinta y ocho años, y Jesús le pregunta: “¿Quieres ser sano?”, a lo que el hombre le contesta que no tiene quien lo meta al estanque cuando el ángel mueve las aguas, pues debido a su condición, siempre otro desciende a las aguas antes que él… este pobre hombre inválido, no tenía ninguna opción de ser sanado, quizás ya estaba entregado a su desgracia, y sin esperanza, se encontraba totalmente desmoralizado.

Es posible que hoy algún lector esté viviendo alguna situación similar a este hombre y no tenga ninguna esperanza de remediar su situación, debido a falta de recursos, falta de alguien que lo ayude, ó simplemente espera su turno en una interminable fila, para que algún hospital público pueda darle alguna opción de ser tratado, y ha estado mucho tiempo esperando su oportunidad, pero hasta ahora no vislumbra ninguna mejoría a su drama… pero en el caso del paralítico, Jesús le dice: “Levántate, toma tu lecho, y anda”, y el hombre creyó a esa palabra de autoridad, y tuvo fe, y se puso de pie, y el milagro alcanzó su vida… hoy Jesús sigue tan poderoso como siempre y Él tiene la misma pregunta para ti: ¿Quieres ser sano?… solo debes creer en Jesucristo y serás salvo, y todas tus necesidades Dios las suplirá.

Pr. Herman Gajardo P.