“11. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.

12. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es.

13. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.”

1 Samuel 16:11-13

El profeta Samuel conocía a Dios y sabía que era imposible un error, pero ninguno de los hijos que trajo Isaí era el elegido, entonces le pregunta si tenía más hijos, entonces Isaí le confiesa que tiene otro, pero es solo un muchacho todavía, y además lo tiene trabajando cuidando las ovejas... Samuel lo increpa y le dice “tráelo de inmediato, pues no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga”...

Al llegar David, el hijo menor, el no considerado por su padre, Dios le dice a Samuel “este es, levántate y úngelo”... Tremenda escena. El último hijo, el que le gustaba tocar la guitarra, o sea el arpa, el poeta que hacía canciones, el que no fue tomado en cuenta para venir al sacrificio que ofrecería el profeta, pero él era el elegido por Dios. Quizás muchas veces al igual que los hermanos de David usted se sintió frustrado por no haber sido el indicado, sus ilusiones se rompieron, y más encima ve que a ese más chico, al que no tenía el porte distinguido, lo eligen y lo ungen.

El profeta Samuel unge con aceite a David, delante de sus hermanos y de todos los que estaban allí presentes, y desde ese momento el Espíritu del Señor vino sobre David, desde ese mismo momento el profeta entiende el porqué Dios le había dicho que Él había elegido a un hombre conforme a su voluntad, David era un muchacho pero Dios vió en él, el corazón de un hombre conforme a su corazón. Maravilloso Dios.

Pr. Herman Gajardo P.