“20. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

21. para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

22. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

23. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”

Juan 17:20-23

Jesús sigue orando, y en los versículos que leemos hoy, vemos cómo el Señor intercedió por cada uno de nosotros, cuando estuvo físicamente entre nosotros, pues en el versículo 29 dice claramente: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”, Maravilloso, Tremendo, Glorioso..!!, Jesús oró por los que creeríamos en Él a través de las generaciones, hasta que llegamos nosotros y su cobertura sigue vigente, Jesús es nuestro intercesor por excelencia.

Pero el énfasis del párrafo está en el versículo 21 que dice: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”, es interesante notar que, en su oración, Jesús le rogaba al Padre que nos cuidara, que nos protegiera, que no nos dejara caer en tentación, que pusiera un cerco a nuestro alrededor, que el mundo no influyera en nada en nosotros, que su Palabra nos mantuviera ligados a Él, de tal manera de ser unos en Jesús, de la misma manera que Él ed uno con el Padre.

En el versículo 23 podemos leer con claridad el enfoque de este punto de la poderosa oración de Jesús: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”… para que tengamos claro el concepto de que si estamos en Cristo, y el Padre en Jesús, entonces seremos “perfectos en unidad”. La unidad no tiene que ver con ponernos de acuerdo en algo, sino en estar constantemente dependiendo del Señor y así en Él, podemos lograr la tan anhelada unidad, en un mismo sentir.

Pr. Hernan Gajardo P.