“21. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”

Colosenses 3:21

El versículo que leemos hoy va dirigido a los padres, o sea, al marido y a su esposa, y el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, enseña con claridad las diferentes funciones que tienen los cónyuges en el matrimonio, tanto los maridos, las esposas, y también juntos, como padres. Muchas veces, al no ponerse de acuerdo los cónyuges, crean conflictos en los hijos, pues ellos tienden a cobijarse en el padre o en la madre que le muestre una mayor empatía, y astutamente intentarán crear desavenencias entre los padres, con tal de lograr un beneficio. Si los padres se unen en un mismo sentir, para guiar a sus hijos, lo cual está bien, pero si los hijos no están de acuerdo con las imposiciones que les impongan, de inmediato se rebelarán y mostrarán su indignación, pero eso es simplemente desobediencia, y no es justificable su acción.

Sin embargo, el versículo de hoy dice: “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten”, y nos da a conocer que el problema se produjo en lo que los padres imponen a sus hijos, pues cabe la posibilidad de que sea debido a una exigencia mayor a la normal, o que subestimen su madurez, o que los priven de algo que de verdad necesitan, eso producirá en los hijos un enfado, una irritabilidad, que inevitablemente conllevará a no sentirse respaldados por sus padres, cuya consecuencia será el enojo, la rebeldía, y por ende el desaliento. Este versículo es un claro llamado a los padres para que con sabiduría de lo alto, puedan guiar a sus hijos en paz y armonía, para lo cual debe haber una mayor participación de ellos especialmente en los Cultos Familiares que se deben efectuar ojalá diariamente, en los cuales pueden conversar, orar juntos, y adorar al Señor con alegría.

Pr. Herman Gajardo P.