“7. a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.”
2 Pedro 1:7
En este versículo que leemos hoy, concluyen los pasos, o etapas a cumplir, para que conozcamos y pongamos en práctica, en nuestro día a día, lo que Dios espera de cada uno de nosotros, y esto, el apóstol Pedro lo sabía de primera mano, pues lo aprendió directamente de su maestro, el Señor Jesucristo, quien con su vida y actuar, fue el ejemplo perfecto para Él, como también lo es para nosotros hoy. El versículo comienza diciéndonos: “a la piedad, afecto fraternal”, después de la piedad, debe ponerse en práctica el afecto fraternal, el considerarse los unos a los otros, el respetarse mutuamente, sin importar el cargo, ministerio, o responsabilidad que tengamos que efectuar, el reconocer los dones que Dios ha puesto en cada uno de nosotros, el animarnos unos a otros, también “sobrellevando los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2).
Luego, el versículo termina diciéndonos: “y al afecto fraternal, amor”, el amor no es un sentimiento, es algo que usted y yo debemos saber manejar, y esto es lo que aquí podemos aprender, pues a cada paso o etapa, que estamos analizando, finalmente lo que debemos agregar es el amor, o sea, debemos amar, y no esperar a “sentir” amor, recuerde que Jesús lo dejó establecido como un nuevo mandamiento que debemos obedecer (Juan 13:34), entonces, el amor es el acabado final de lo establecido por Dios para que “vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12).
Pr. Herman Gajardo P.



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