“28. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua. 29. Entonces salió Pilato a ellos, y les dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30. Respondieron y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31. Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie;”

Juan 18:28-31

Para el sumo sacerdote Caifás, Jesús tenía que morir, y lo lleva al pretorio Romano, lugar desde donde gobernaba Pilato, representante del Imperio, para que lo ejecutara. Pilato pregunta bajo qué acusación lo traían, y los judíos responden: “Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado”, en otras palabras, para los judíos Jesús era un delincuente que merecía la muerte, cumpliéndose así la profecia que sería entregado en manos de impíos para morir.

Meditar sobre todo esto que vivió Jesús, quizás lo encontramos demasiado horrendo para ser verdad, como muy exagerado, pero fue verdad, Jesús sufrió todo el oprobio de nuestra justificación, el profeta Isaías lo había profetizado: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. ¡¡Gloria a Dios..!! Bendito Jesús..!!

Pilato intenta no inmiscuirse en lo que los judíos querían hacer, y les dice que ellos hagan eso de acuerdo a sus leyes, pero le contestan que a ellos no se les está permitido dar muerte a nadie. La situación era tensa, y Pilato es presionado por los judíos, deseosos de darle muerte a Jesús. Pero lo que ellos no sabían, y no se daban cuenta, era que, los sufrimientos de Cristo eran parte de lo preconcebido por Dios para entregar a su hijo, por amor a nosotros, y salvarnos de la muerte. Dios siempre tiene el control de todo.

Pr. Herman Gajardo P.