“22. Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer;
23. salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.”
Hechos 20:22-23
Las aprehensiones de Pablo, frente a su futuro en Jerusalén, no eran infundadas, la persecución había comenzado, y los judíos se irritaban al escucharlo, muchos quizás no podían entender como uno como Pablo pudiese ahora predicar el evangelio siendo antes un perseguidor de los cristianos. Pero, su confianza estaba puesta en el Señor, y así lo declara, como nos dice el versículo 22: “Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer”, Pablo sabía que su vida estaba en manos de Dios, él aduce estar ligado al Señor, a través de su Espíritu, y determina ir, a pesar de las acechanzas del enemigo, él sabía que tenía una misión que cumplir, y al igual que Jesús, decide igual ir a Jerusalén.
El versículo 23, es mucho más explícito al respecto, pues dice: “…el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones”, o sea, él estaba dispuesto a sufrir por la causa de Cristo, no le importaba el ir a prisión o ser castigado físicamente, ya lo había experimentado, y nada le impediría cumplir el propósito de Dios en su vida, por eso, un día escribió: “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Amén.
Pr. Herman Gajardo P.


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