“12. Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.”

Zacarías 9:12

Este hermoso versículo que leemos hoy, es un maravilloso llamado de Dios a cada uno de nosotros, quienes hemos oído su voz llamándonos, quienes hemos aceptado el desafío de dejarlo todo y seguirle solo a Él, pues solo Él es nuestra fortaleza, solo Él es nuestro refugio, y Él es quien hoy nos dice: “Volveos a la fortaleza”, que preciosa invitación, vuelvan al lugar seguro, vuelvan donde hay paz, vuelvan donde la incertidumbre no existe, vuelvan a los brazos del Padre, vuelvan a casa… después el versículo nos identifica: “oh prisioneros de esperanza”, para ustedes es la invitación, para ustedes que dejaron su vida en manos del Señor, a ustedes que estaban desvalidos, atormentados, agobiados, cansados y cargados, y recibieron la salvación, para ustedes que se arrepintieron de sus malos caminos, para ustedes que recibieron el perdón de sus pecados, para ustedes que cambiaron la esclavitud que produce el pecado, y entregaron su vida en manos del Creador, y ese sentimiento nos hace prisioneros de su amor, prisioneros de la bendita esperanza de gloria, nuestra esperanza de redención.

Además, el versículo termina entregándonos una maravillosa promesa: “hoy también os anuncio que os restauraré el doble”, si Dios se ha comprometido es porque nos ama, y porque está dispuesto a cumplir con su Palabra, de hecho, Jesús mismo lo ratificó cuando dijo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30). Dios efectivamente nos restaura el doble. Y esa esperanza nos ha cautivado, somos “prisioneros de esperanza”.

Pr. Herman Gajardo P.