“19. Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20. Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto.
21. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho.
Juan 18:19-21
Jesús es llevado cautivo a casa de Anás, y este le pregunta acerca de sus discípulos y de su doctrina, lo cual, siendo sacerdote del Templo debería saber, y sopesar, considerando que por su investidura debería conocer las escrituras y saber qué cosas profetiza acerca del Cristo, pero sus ojos, su mente, y su actitud, estaban totalmente cegados, siendo su único objetivo el mofarse, flagelarlo, y finalmente darle muerte, de acuerdo al complot que junto a su yerno Caifás habían tramado.
La respuesta de Jesús no se hizo esperar: “Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto”, entonces, ¿cual era realmente el interés de Anás?, era el de indagar sobre lo que había oído acerca de Jesús, sobre lo que todos hablaban, de sus numerosos milagros, de cómo el pueblo le seguía, y todo lo cual era intachable, además Jesús le recuerda que Él todo lo hablaba públicamente, en el Templo, y también en las Sinagogas, y que nada enseñaba en oculto.
Además, Jesús le pregunta a Anás; “¿porqué me preguntas a mí?. Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho”, sabiamente Jesús desarma a Anás, el cual lo envía al sumo sacerdote Caifás, ¿y para qué?, para continuar con la trama de culpar a Jesús para acusarle de muerte. Hoy, los que creemos en Jesús, sus seguidores, seguimos siendo blanco de aquellos que se niegan a aceptar sus mandamientos y preceptos, y buscan excusas, una y otra vez, para acusarnos de intolerantes, de no querer aceptar lo que la sociedad quiere y exige, y quieren hacernos romper nuestras cristianas convicciones. Que el Señor nos fortalezca y su Espíritu Santo nos llene de poder para seguir adelante sin tranzar, y que tengamos un buen testimonio personal.
Pr. Herman Gajardo P.


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