“7. Jehová Señor, potente salvador mío, Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.

8. No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos; No saques adelante su pensamiento, para que no se ensoberbezca. (Selah).”

Salmo 140:7-8

Qué tremendo y maravilloso es leer estos versículos de hoy, y acentuar nuestra confianza en Dios, quien tuvo misericordia de nosotros y nos envió un Salvador, pues no derramó su ira sobre nosotros los pecadores, sino que cargó en Jesús el pecado de todos nosotros (Isaías 53). David, al escribir este salmo señala el poderío del Señor, y escribe: “Jehová Señor, potente salvador mío”, y esta frase, es una tremenda declaración de su total confianza en Dios, él sabía que Dios lo había librado de sus enemigos y lo seguiría librando, más que salvador le llama potente salvador mío, pues Dios siempre libra a sus ungidos con prodigios y señales imposibles para los hombres, pero posibles para el Señor, y termina el versículo 7, diciéndole a Dios: “Tú pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla”, pues el Señor es nuestro protector.

En el versículo 8, leemos que David en su oración escribe: “No concedas, oh Jehová, al impío sus deseos; No saques adelante su pensamiento, para que no se ensoberbezca”, enseñándonos que Dios tiene el control de todo, y de Él depende el avance y los movimientos del enemigo, pues de Dios depende que el diablo y sus secuaces puedan amedrentarnos, pero sus promesas descritas en su Palabra siempre prevalecerán y aunque estemos rodeados y a punto de sucumbir, Dios siempre nos dará una salida, por lo tanto, nuestra oración es indispensable, tenemos que orar sin cesar (1 Tesalonicences 5:17), y además orar con fe (Santiago 5:15), Dios escucha nuestras oraciones.

Pr. Herman Gajardo P.