“16. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”
Juan 3:16-18
Estos versículos son los más aclaratorios y representativos del propósito del porqué vino Jesús a este mundo, pues no vino solo por cumplir lo que estaba escrito de Él en las escrituras, sino que vino a establecer un antes y un después de su gloriosa manifestación entre nosotros, vino a vivir entre nosotros, siendo Dios, pero “se hizo siervo, y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente” nos dice Pablo en una de sus cartas, y todo por demostrar tácitamente su inmenso amor por nosotros, por todo el mundo, vino a salvar a todas las generaciones, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” leímos ayer, pero no fue por un desprecio de los judíos religiosos de ese tiempo, sino que era parte del plan de Dios para salvar no solo a su pueblo, a ese pueblo que él formó en su promesa a Abraham, sino a toda la humanidad.
Jesús trata de enseñar acerca del gran amor de Dios para con nosotros, pero no encontró las palabras adecuadas y solo se limitó a decir “porque de tal manera… amó Dios al mundo”, de una manera difícil de explicar, indescriptible, superior a todo lo que en nuestra naturaleza humana conocemos, o podamos entender, pero Dios nos amó, no se fijó en nuestras falencias, ni en nuestra torpeza, ni en nuestra bajeza, solo nos amó, y la muerte que tú y yo merecíamos la cambió, por la muerte de su hijo, su único hijo, y su muerte nos redimió de la maldición del pecado, y nos salvó, y nos perdonó, y todas nuestras maldades, nuestros delitos y pecados los cargó sobre su hijo, y todo esto solo porque nos amó.
Pudiendo condenarnos, pudiendo cumplir sus propios designios, pudiendo seguir adelante con su plan inicial, Dios lo cambió por amor, porque tuvo misericordia de nosotros, y no porque vió algo que valiera la pena entre nosotros, porque no somos nada, fue simplemente porque nos amó… y no envió a Jesús a “condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él”, y para que eso se cumpla, para poder ser salvos sólo tenemos que creer en Él, pero si no creemos ya hemos sido condenados, entonces Jesús es nuestra única oportunidad de no ser condenados por nuestros pecados, Él es el camino para llegar al Padre, Él es la verdad, Él es la vida, Él es todo lo que usted y yo necesitamos. Maravilloso Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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