“3. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;

4. y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

Hechos 9:3-4

En este párrafo bíblico que leemos hoy, encontramos el encuentro de Saulo con Jesús, los versículos anteriores nos narran que Saulo era un férreo perseguidor de los primeros cristianos, los cuales eran encarcelados, eran azotados, e incluso algunos terminaban muertos, como cuando mataron a Esteban (Hechos 7:58), y no satisfecho con lo logrado en Judea, y como los cristianos comenzaron a huir de la persecución hacia los países vecinos, Saulo pide cartas que lo autoricen ir a Siria, con el fin de apresar a los cristianos ocultos allí, y yendo camino a Damasco, algo sobrenatural ocurre, y el versículo 3, lo narra así: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo”, Tremendo, Maravilloso, Dios podría haber usado cualquier estrategia para frenar a Saulo, pero leemos que “le rodeó un resplandor de luz”, o sea, era la mismísima Presencia del Señor Jesús, en su esplendor, el cual ya tenía planes con Saulo, y decide venir en persona a conversar con él.

El versículo 4 nos dice: “y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, era la resonante y poderosa voz de Jesús, confrontando a un perseguidor de su Iglesia, de su cuerpo, pues Él es nuestro Protector, Él es nuestro Defensor (Mateo 25:40), Él siempre está en control de todo, para Dios nada pasa desapercibido. A veces las situaciones adversas nos agobian tanto que llegamos a pensar que estamos solos, pues no vemos la mano de Dios actuar a nuestro favor, quizá lo mismo pensaron las víctimas de Saulo, pero Dios siempre tiene cuidado de nosotros, y lo que Él hace o permite siempre será lo mejor para nosotros, aunque a veces no sea lo que nosotros esperamos.

Pr. Herman Gajardo P.