“ 1. Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; Escucha mi voz cuando te invocare.

2. Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.

3. Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.

4. No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, A hacer obras impías Con los que hacen iniquidad; Y no coma yo de sus deleites.”

Salmo 141:1-4


Que precioso Salmo..!! Qué interesante es vernos identificados con su clamor por nuestras vidas, por nuestra familia, de manera de entender que nuestras necesidades ya estaban en conocimiento del Señor. “Apresúrate a mí, escucha mi voz Señor, suba mi oración como el incienso” ruega el salmista, y también es mi oración, pues solo en Él está nuestra fortaleza, nuestro socorro y la respuesta a nuestro clamor.


Pero el Salmo también dice algo interesante: “pon guarda a mi boca, guarda la puerta de mis labios”, este versículo nos da a entender que debemos tener cuidado con lo que hablamos, con lo que decimos, pues muchas veces no medimos las consecuencias de lo que hablamos y caemos de la gracia del Señor. En otro Salmo dice “y que mi boca se abra solo para hablar de ti”.


El versículo 4 reitera este sentir al mencionar: “No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, A hacer obras impías Con los que hacen iniquidad; Y no coma yo de sus deleites”, que nuestro corazón no se incline a hacer el mal, aunque saquemos provecho de ello, pues Dios nos anima a siempre a apartarnos del mal, la frase “no coma yo de sus deleites”, tiene que ver con ese sentimiento que nos lleva a ser partícipes de la alegría de los impíos. Pero hoy, nuestro deleite es el Señor..!! Ya no somos del mundo, aunque estamos en el mundo, ahora somos ciudadanos del cielo, y nuestra alegría solo viene del Señor..!!


Pr. Herman Gajardo P.