“ 8. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.

9. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.

10. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!

11. Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.”

2 Juan 1:8-11


Cuando encontramos versículos como estos, es necesario leerlos una y otra vez, orando al Señor para que nos dé sabiduría y poder entender lo que Dios quiere que sepamos. La frase “mirad por vosotros mismos”, es clave para entender que tenemos que hacer un esfuerzo extra, que abramos bien nuestros ojos, que seamos cautos, que nos mantengamos firmes en nuestra vocación, pues de lo contrario “perderemos el fruto de nuestro trabajo”, y eso si sería catastrófico.


El versículo 9 es lapidario, al declararnos que “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios”, así de tajante. A veces pensamos que en nuestra vida cristiana tenemos derecho a pecar de vez en cuando, a caer o extraviar el camino, debido a la modernidad que tenemos que enfrentar y es tan difícil ser fundamentalista, y hasta tratamos de justificar nuestras caídas aduciendo que Dios nos dará otra oportunidad y que el Señor hace borrón y cuenta nueva. Lamentablemente quienes piensan así nunca han conocido a Dios ni nunca han estado con Él, aunque sepan mucho de la Biblia y de la doctrina cristiana, ellos no tienen a Dios en sus vidas, y no le han conocido como realmente Él es, y han hecho de su relación con Dios algo sumamente superficial.


Los versículos 10 y 11 nos instan a estar preparados frente a cualquier contingencia espiritual, especialmente de los que son permisivos, de los que toman el nombre de Dios en vano, de los que transan sus convicciones y han dejado de lado las enseñanzas bíblicas, a los cuales ni siquiera podemos recibirlos en nuestras casas, o sea el Señor nos dice que nos alejemos de ellos, pues solo perjudicarán nuestro desempeño ministerial.


Pr. Herman Gajardo P.