“12. Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.
13. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.
14. Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.”
Hechos 1:12-14
Después de haber visto a Jesús ascender a los cielos, todos volvieron a Jerusalén, gozosos, e impresionados por todo lo que habían visto y oído, y no les importó caminar un día entero desde el monte del Olivar, desde donde Jesús se fue, hasta un aposento alto de una casa ubicada en Jerusalén. Según leemos en el versículo 13, en ese lugar estaban morando todos los discípulos de Jesús, o los once discípulos que quedaron después de la traición de Judas, incluso, el autor del libro de Hechos, el médico Lucas, los nombra a cada uno de ellos, haciendo hincapié en que todos estaban juntos, y además dispuestos a esperar allí la promesa declarada por Jesús, de que el Padre enviaría al Espíritu Santo dentro de no muchos días, para lo cual, era necesario el permanecer juntos, y unirse en oración, creyendo que lo dicho por Jesús se cumpliría, pues, después de verlo resucitado, ya nada sería imposible.
El versículo 14, nos dice: “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego”, enfatizando que, todos los allí reunidos, perseveraban, permanecían, persistían, insistían, y además estaban en mismo sentir, en oración, en ruegos, en clamor constante, fortalecidos por la esperanza de que algo glorioso estaba por ocurrir, y nadie quería estar ausente, incluso, el versículo termina diciéndonos: “con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”, los mismos hermanos que no creían en Él (Juan 7:5), ahora están todos juntos. Qué tremendo espíritu de unidad comenzó a fraguarse entre ellos, ya nada más importaba, nada les haría desistir de ser partícipes de algo tan glorioso. Y este mismo sentir anhelamos se active hoy en nuestras congregaciones.
Pr. Herman Gajardo P.


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