“4. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús;

5. porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia;

6. así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros,

7. de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo;

8. el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.”

1 Corintios 1:4-8

El hecho de haber conocido a Jesús, conlleva una serie de bendiciones que están implícitas en el pacto de salvación que Dios, en su infinita misericordia, diseñó para nosotros sus redimidos. Un claro ejemplo de esto es lo que nos enseñan los versículos recién leídos, en los que el apóstol Pablo dice dar gracias al Señor por nosotros, “por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús”. Y esto porque en “todas las cosas”, no solo en algunas, ó solamente en las espirituales, sino en “todas”, hemos sido enriquecidos en Él, dice que en toda palabra, y en toda ciencia, de la manera que el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en nosotros.

Que tremendo y profundo es esto, pues muchas veces nos sentimos agobiados por no saber que hacer frente a cualquier circunstancia complicada, y agotamos nuestras fuerzas e intelecto para encontrar alguna salida, e incluso oramos al Señor para que Él nos dé alguna salida, sin embargo en esta Palabra se nos dice que estando en Cristo, debemos echar mano a los dones que Él nos dió y nada podrá hacernos titubear para salir airosos de cualquier contienda. Lo que nunca debemos dejar en segundo plano es el propósito de Dios en nuestra vida, esperando cada día la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, quien nos confirmará hasta el fin, para que seamos irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

Dicho de otra manera, Jesús nos confirma, nos fortalece, y nos respalda, para que al final de todo esto, no tengamos temor a que Dios pueda reprendernos, o refutar nuestro cometido. Debemos hoy estar seguros y confiados en su Palabra y en su grata compañía cada día, que en todo lo que hacemos o planificamos, su Nombre sea siempre glorificado.

Pr. Herman Gajardo P.