“24. Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”
Hechos 20:24
Para el apóstol Pablo, nada era más importante que cumplir con el mandato, recibido por Dios, de predicar el evangelio. En el versículo que leemos hoy, dice: “…de ninguna cosa hago caso”, o sea, las tribulaciones para Pablo jamás fueron un impedimento para seguir adelante, luego dice: “ni estimo preciosa mi vida para mí mismo”, haciendo hincapié en que nada, que le pudieran hacer a él, ni los ataques, ni la cárcel, ni los azotes, ni aunque lo apedrearan, para él, su integridad física no era algo que valorar, pues había entendido y comprobado, que lo único digno de respetar y cuidar era la Palabra del poderoso evangelio de Jesucristo. Pablo quería terminar su carrera con gozo, con la satisfacción del deber cumplido, pues el versículo dice: “que acabe mi carrera con gozo”.
Nada se interpondría entre Pablo y la difusión del evangelio de Jesucristo, pues él había entendido claramente que ese era su deber. El versículo termina con la frase: “el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”, enfatizando así, que compartir la Palabra de Dios no era una determinación de él, sino un mandato divino, ineludible, y para lo cual, Pablo lo había dejado todo. Que tremenda y valerosa determinación la de Pablo, un hermoso referente para desempeñar hoy el ministerio que Dios nos ha encomendado.
Pr. Herman Gajardo P.


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