“25. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.”

Hechos 3:25

Cuando Dios nos salió al camino, en medio de nuestra vana manera de vivir, nosotros creímos en el evangelio de salvación, y Jesús tuvo misericordia de nosotros, y entró a vivir en nuestros corazones, enseñándonos los primeros pasos de nuestra nueva vida, ahora dependiendo de Él, pues nos dimos cuenta de nuestros pecados, y de cómo el diablo nos tenía en sus garras y vivíamos en error, pero Dios abrió nuestros ojos, y nos sacó de nuestra oscuridad, y nos trajo a su luz admirable. En el versículo que leemos hoy, podemos seguir analizando el discurso del apóstol Pedro que habló en el pórtico de Salomón, y dice: “Vosotros sois los hijos de los profetas”, al decir que somos hijos de los profetas es porque la enseñanza aprendida viene de lo que los profetas escribieron y enseñaron, y al absorber y asumir ese conocimiento, entonces somos hijos, pues seguimos en pos de ese conocimiento. Luego dice: “y del pacto que Dios hizo con nuestros padres”, o sea, todo lo que los profetas escribieron fue inspirado por Dios en ellos, y todo lo escrito refleja el pacto que Dios hizo con nuestros antepasados.

El pacto se refiere al compromiso de Dios con Abraham cuando le dijo: “En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra”, en otras palabras, hay una bendición de Dios comprometida para con todos nosotros, aunque no seamos descendientes directos de Abraham como los judíos, pero el pacto nos incluye a nosotros, los gentiles, los que no somos judíos, pero la Palabra dice: “serán benditas todas las familias de la tierra”, todas las familias de la tierra, no importando la ciudadanía o descendencia, pues el sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario salvó de la muerte eterna a todo aquel que creyere. Jesús es nuestra bendición.

Pr. Herman Gajardo P.