“17. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

18. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.

19. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

20. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Apocalipsis 3:17-20

Es interesante analizar este párrafo bíblico, pues es totalmente confrontacional para con aquellos que dicen ser ricos y que de ninguna cosa tienen necesidad, y no se refiere necesariamente a riquezas materiales obtenidas con su esfuerzo, sino a haberse enriquecido con filosofías humanistas, conceptos antibíblicos, y enorgullecerse de haber logrado lo que posee y piensa, pero no sabe, no se da cuenta, que es un “desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”, como dice en el versículo 17.

En el versículo 18 leemos que Dios mismo le habla a este tipo de personas, y les dice: “yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”, esto nos aclara que lo que Dios ve, no es lo que nosotros ostentamos tener, pues no nos damos cuenta de nuestro error y Dios está mirando nuestro corazón, nuestras intenciones, nuestra hambre insatisfecha.

Los versículos 19 y 20 nos muestran a Dios abriendo su corazón de amor para con nosotros al decir: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Un día, el Señor apareció en mi vida, y todo cambió en mi, y me di cuenta que mi vida es Él, y que fuera de Él nada me importa ni me interesa, pero esto fue cuando conocí su amor por mi, cuando escuché su voz y le abrí la puerta de mi corazón. Te invito a que aceptes el desafío de oír su voz y abrirle la puerta de tu corazón.

Pr. Herman Gajardo P.