“32. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.”

Hechos 20:32

Que tremendas y maravillosas palabras expresadas por el apóstol Pablo, en este versículo que leemos hoy, es como el equivalente apostólico de la bendición sacerdotal que usaba Moisés, pero fueron inspiradas por el Espíritu Santo para que Pablo, animara y fortaleciera a los creyentes que se estaban añadiendo a la Iglesia en formación. El versículo dice: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios…”, lo primero que debían entender los nuevos convertidos, y nosotros también hoy, era que Pablo los estaba dejando en las mejores manos, bajo la mejor cobertura, los dejaba encomendados a Dios, no a algún líder sobresaliente, no al mejor grupo de discípulos de la ciudad, sino bajo la protección directa de Dios, y hasta el día de hoy, usted y yo podemos sentirnos seguros bajo la sombra del Omnipotente, como dice el Salmo 91.

Luego, el versículo dice: “…y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”, la labor apostólica de Pablo ya se había cumplido, todo lo que él había recibido del Señor lo había enseñado a los que allí quedaban, y ahora, Pablo debía ir a Jerusalén, su vida, su presente, y su futuro, estaban en manos del Señor, y él cumpliría lo que Dios, en su soberanía, se había propuesto hacer a través de él. Al igual que Pablo, hoy habemos muchos que, sin importar las consecuencias, cumpliremos Su propósito. Y Dios, a ti también te necesita.

Pr. Herman Gajardo P.