
“17. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.
18. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.”
Santiago 5:17-18
Una de las cosas que hemos aprendido es a orar constantemente, de hecho el apóstol Pablo escribió en una de sus cartas: “orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), y esto, con seguridad, es en respuesta a lo que Jesús enseñaba acerca de orar siempre, de velar en oración, y además Jesús tenía el hábito de orar mucho, incluso se iba al monte a orar y se amanecía orando; en cierta ocasión habló acerca de una mujer viuda que insistía pidiendo justicia a un juez, y este juez le hizo justicia por la persistencia de la mujer, lo cual, Jesús utiliza como ejemplo para insistir en nuestras oraciones para con el Padre.
En los versículos, del párrafo bíblico que leemos hoy, el apóstol Santiago menciona a Elías como ejemplo de oración, pero no enfatiza en la constancia, ni en la insistencia, sino en en el orar fervientemente, y esto implica fervor, devoción, entusiasmo y por supuesto creer en la respuesta esperada, y sin dudar, aunque sea una petición osada, pero si Dios lo considera para su gloria, con certeza responderá, y respaldará a su ungido.
Nosotros hoy, podemos aprender de la fe en acción del profeta Elías, pues en el versículo se destaca que: “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”, o sea, nos aclara que Elías no era un superhombre, él era un hombre como nosotros, sujeto a pasiones y tentaciones igual que usted o yo, pero Elías creyó firmemente en Dios, y eso marca la diferencia entre quienes oran con elocuencia y palabras persuasivas de humana sabiduría, y quienes oran con un corazón contrito y humillado.
Pr. Herman Gajardo P.


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