“3. Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
4. habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos,”
Colosenses 1:3-4
Una de las actividades que más se enfatiza en las Sagradas Escrituras es el orar, pues nuestra conversación diaria con Dios debe ser la más importante para cada uno de nosotros, Dios escudriña nuestros corazones y sabe de qué tenemos necesidad, pero también es Dios mismo el que nos enseña a clamarle a Él, a confiar en Él, y a esperar en Él, de hecho, los apóstoles, en los inicios de la Iglesia, debido a las muchas actividades que desempeñaban, determinaron elegir a ayudantes, que llamaron diáconos, para atender ciertos servicios, de manera que ellos se dedicarían a persistir en “la oración y en el ministerio de la Palabra” (Hechos 6:4). En el versículo 3, que leemos hoy dice: “Siempre orando por vosotros”, pues una de las labores diarias de todo ministro, es el de orar por cada uno de sus feligreses, por sus necesidades, por cobertura de Dios sobre sus vidas, pero esto no inhabilita que cada uno en particular tenga una vida de oración diaria.
Luego el apóstol nos dice: “damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo”, enfatizando que el dar gracias a Dios es algo que debe fluir diariamente en nosotros. El versículo 4 agrega: “habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos”, con esto, entendemos que nuestra fe nos mantendrá ligados al Señor, y eso hará brotar en nosotros los frutos del Espíritu Santo, y el amor que debe primar en los unos por los otros, por lo cual, ore por usted, por su familia, por sus amigos, por sus vecinos, por sus compañeros de trabajo y de estudios, por sus autoridades, por sus pastores, que cada uno desborde de amor por los otros.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.