“4. Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. 5. Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos. 6. Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.”
Hechos 21:4-6
El apostol Pablo continúa en su viaje a Jerusalén, recordemos que él quería llegar para la fiesta de Pentecostés, pero sus enemigos se multiplicaban cada día más y más, tanto que los discípulos de ese lugar le instan a no ir a Jerusalén, como leemos en el versículo 4, aduciendo que sentían en el Espíritu que no viajara, por el peligro que le esperaba allí, pero Pablo estaba decidido a llegar a Jerusalén y participar de la hermosa fiesta de Pentecostés, sobre todo ahora que tenía una connotación tan importante como lo es el celebrar la llegada del Espíritu Santo. En el versículo 5, dice: “Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos”, qué hermoso, que muestra de amor y hermandad tan grande había provocado la actitud de Pablo, ahora como siervo del Señor.
Antes de embarcarse, van a la playa a orar, y esto pues nada debemos hacer sin antes orar y pedir la dirección y cobertura de Dios. En el versículo 6, leemos: “Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco”, los abrazos, como demostración de ánimo, de gratitud , surgían espontáneamente, la Presencia del Señor estaba con ellos. Que hoy también podamos disfrutar de la unidad y comunión en amor, los unos con los otros.
Pr. Herman Gajardo P.


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