“10. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.”
1 Crónicas 4:10
El versículo que leemos hoy, es de una tremenda connotación, debido a que un hombre llamado Jabes, hizo una corta pero muy sincera oración, suplicando el favor de Dios en medio de un tiempo difícil y convulsionado del pueblo de Israel. Cuando nació Jabes su madre le puso ese nombre, pues significa “doloroso” o “hacedor de tristeza”, y esto debido a que su nacimiento fue muy doloroso para ella. Por lo mismo, quizás la niñez y la juventud de Jabes no fueron muy agradables, pues sus parientes y amistades al nombrarlo era algo inevitablemente peyorativo. Quizás Jabes se acostumbró a llevar ese nombre, que más parecía un apodo, y hasta vergonzoso, pero debido a eso Jabes supo sobreponerse a sus traumas y temores y se esforzó por sobresalir.
Y llega un momento en la vida de Jabes que tiene que tomar una decisión crucial en su vida, o sigue siendo un Don nadie y sigue siendo la burla de su entorno, o hace de su vida algo que verdaderamente valga la pena, pero para que eso sea una realidad no bastan los buenos deseos, o los buenos sentimientos, o el esfuerzo personal, y él, alza sus ojos al cielo y abre su acongojado corazón ante el Señor y le dice: “¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe!”, y esta oración quedó escrita en medio de un capítulo que habla solo de genealogías, pero que es una joya invaluable para quien la lee y pone su confianza en el Señor, sobretodo en medio de tiempos difíciles y complicados como los que nos ha tocado vivir, pero además, el final del versículo es grandioso y formidable: “Y le otorgó Dios lo que pidió”… Amén..!! Gloria a Dios..!! Dios siempre responderá a un corazón contrito y humillado. Busca a Dios con todo tu corazón, y Dios te sorprenderá.
Pr. Herman Gajardo P.


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