“23. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.

24. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.”

Santiago 1:23-24

Entendemos que lo que la Palabra nos quiere decir hoy, es que debemos evaluar nuestro desempeño, en el ministerio al que Cristo nos ha llamado, pues oidores hay muchos, pero hacedores de la Palabra muy pocos, es como si después de oír el mensaje del evangelio, y creer en Jesús como nuestro Salvador, establecemos nuestras personales formas de cumplir con lo que nosotros consideramos es llevar una vida cristiana, pero no tan apegado a lo que Jesús les enseñaba a sus discípulos, pues Él era tajante: “Amaos los unos a los otros”, “Deben amar a sus enemigos”, “Niéguense a sí mismos”, “Tomen su cruz cada día”, “Sean sal de la tierra”, lo cual no eran sugerencias, eran órdenes a cumplir, y los que oyen esas Palabras, deben estar dispuestos a hacer y cumplir lo que se les manda.

En los versículos que leemos hoy, la Palabra nos enseña que, el que oye la Palabra y no la hace, es semejante a un hombre que se mira en el espejo, y luego olvida como se veía, y, obviamente, lo que hacemos es tener que volver a mirarnos en ese espejo, para estar seguros que estamos bien, o arreglarnos si algo no nos gusta, con esto entendemos que espiritualmente necesitamos un espejo, y la Biblia es un espejo, para mirarnos en ella y darnos cuenta si estamos haciendo, o no, lo que ella nos enseña, y si no estamos representando a Cristo con nuestra vida, es porque necesitamos obedecer y cumplir lo que Dios quiere de nosotros. Necesitamos evaluar nuestro desempeño.

Pr. Herman Gajardo P.