“24. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

25. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

26. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

27. y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

28. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;

29. porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

Mateo 7:24-29

Jesús, al predicar, enseñaba con excelentes ejemplos, que fueron determinantes para poder entender a cabalidad lo que Él quería dejar establecido como una verdad irrefutable, y trascendente, de manera que todos, en ese tiempo, y también ahora, pudiésemos entender con claridad lo que Él enseñó. En los versículos que leemos hoy, la intención de Jesús es darnos a entender que no basta con solo oír o escuchar su Palabra, como lamentablemente muchos se conforman, y se sienten tranquilos y relajados, y les basta con solo darle importancia a su respeto de escuchar una Palabra, un sermón, una enseñanza bíblica, pero no hay en ellos una reacción a poner en práctica lo escuchado o lo aprendido, a estos Jesús los compara con quien construye su casa sobre la arena.

La otra opción, al oír la Palabra, es ponerla en práctica, en nuestra vida, en nuestras acciones, en nuestras decisiones, de esa manera Jesús nos compara con aquel hombre que construye su casa sobre la roca, haciendo énfasis en que el fundamento de la casa que construimos, es lo que nos dará la seguridad que lo construido no se desbaratará, y estará firme y duradero. Jesús es la Palabra, Jesús es el fundamento, Jesús es la roca firme, sus enseñanzas son las que harán de nuestra vida algo verdaderamente sustentable, y en aquellos momentos en que sea probada, cuando venga la lluvia, cuando vengan los problemas, las tentaciones, y el viento sople fuerte, y el río aumente su caudal… en Cristo estaremos seguros, confiados, y tranquilos.

Pr. Herman Gajardo P.