“21. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23. Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

Mateo 7:21-23

Al leer estos versículos, de inmediato nos hace reflexionar acerca de nuestro comportamiento, de nuestro esfuerzo en cumplir con lo que las escrituras nos enseñan, de nuestra personal reacción a lo que sabemos que debemos cumplir y que no nos es fácil, por lo cual muchas veces caemos en el engaño del enemigo, el cual tiene por nombre “el engañador”, y que utiliza sus artimañas para hacernos creer que estamos bien, y que no nos preocupemos, incluso nos lleva a pensar que solo debemos apelar a su misericordia, pues Él es un Dios de amor.

Pero nos equivocamos, pues Jesús mismo nos enseña que: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre”, y eso es irrefutable, pero de inmediato se activan en nosotros las excusas: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”, y esto pues creemos que nuestras buenas acciones nos justificarán en el juicio final, e incluso hay quienes defienden hoy el hacer muchas cosas que en apariencia son buenas, pero caen en el excesivo activismo espiritual, pero su corazón, que es lo que Dios examina, no está acorde al alineamiento divino, y viven engañados que están bien, quizás por eso el apóstol Pablo escribió que “el que crea estar bien, mire que no caiga”.

La decepción será terrible cuando nuestras obras sean probadas por el Señor, quien dirá esas terribles palabras que nosotros no quisiéramos escuchar: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”, lo cual es la más terrible sentencia por 3 causales, “nunca os conocí”, o sea nunca estuvimos en su intimidad, nunca entramos a su Presencia, nunca nos conoció, luego nos dice “apartaos de mi”, este no es lugar para ustedes, aquí solo entran los limpios que permanecen en santidad, y finalmente nos dice “hacedores de maldad”, todo lo que ustedes hicieron yo no les pedí que lo hicieran, ustedes solo buscaron fama y éxito, ustedes buscaron solo hacerse de un nombre, ustedes manipularon los dones y talentos que yo les di y los usaron mal… que lamentable para ellos, pero nosotros aún tenemos la oportunidad de enderezar nuestros caminos y ponernos cuenta con el Señor y dejar que Él dirija nuestro andar. Dios nos fortalezca y nos bendiga.

Pr. Herman Gajardo P.