“5. Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza.
6. Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.
7. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
8. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.
9. Por cierto, vanidad son los hijos de los hombres, mentira los hijos de varón; Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada.
10. No confiéis en la violencia, Ni en la rapiña; no os envanezcáis; Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas.”
Salmo 62:5-10
Dios es todo para nosotros, sin Dios no somos nada, Él es la razón de nuestro vivir, por Él vivimos, por Él existimos, estos conceptos el Salmista los tenía totalmente asumidos y a través de lo que escribe, él exterioriza lo que siente en su corazón, por lo cual en el versículo 5 le dice a su alma, a su yo, que en Dios solamente repose, pues solo de Él es su esperanza, que Él es su roca, su salvación, su Refugio, que en Él está su salvación y su gloria.
Luego en el versículo 8, el Salmista insta a esperar en Dios en todo tiempo, a derramar delante de Él nuestro corazón, porque Él es nuestro refugio. Cuando comenzamos a conocer a Dios en intimidad, produce en nosotros una explosión de júbilo tan maravillosa que nos desarma, que no tenemos argumentos para afianzar nuestra vida sin conocerle, y por ende lo que queremos hacer es dar a conocer a todos quién es este Dios formidable.
En el versículo 9 encontramos una gran verdad: “Pesándolos a todos igualmente en la balanza, Serán menos que nada”, dándonos a entender que nosotros no somos ni tenemos nada que realmente sea de peso, o de valor, pues nuestra vida es una vanidad, nuestras buenas intenciones, nuestros anhelos personales han sido degradados, pues vivimos en oscuridad, a menos que la Presencia de Dios esté en nosotros, solo entonces tendremos un buen fundamento de vida, emocional, intelectual, físico, o espiritual. Solo en Dios está nuestro refugio.
Pr. Herman Gajardo P.



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