“17. No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

18. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo 5:17:20

Que poderosa declaración hace Jesús frente a los cuestionamientos de los religiosos de su tiempo, y no me refiero solo a los fariseos y a los escribas, sino también a esa gran cantidad de personas estudiosas de la Palabra escrita, que esperaban que Jesús, como hijo de Dios, abrogara, anulara, suspendiera, aboliera, dejara sin efecto, a la ley mosaica, pues era muy difícil, o imposible de cumplirla, pero Jesús enfatiza que Él “no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla”, y eso cambia totalmente el enfoque práctico y espiritual de lo que la ley representa, pues todos sabemos que la ley fue entregada por Dios a Moisés, y el que la desobedeciere moriría irremisiblemente, pero Dios estableció un plan para salvarnos, y envió a su hijo, como mediador de un nuevo pacto, en su sangre, quien murió en nuestro lugar y nos dió su vida, cumpliendo todo lo que la ley exigía, y siendo inocente, siendo sin pecado, entrega su vida en la cruz del calvario.

Lamentablemente, en el día de hoy, el humano pensamiento de que Jesús con su muerte nos salvó y hagamos lo que hagamos igual somos salvos, no es el espíritu de la Palabra escrita, y Jesús lo clarifica al enseñar que ningún mandamiento se debe quebrantar, pues inevitablemente habrán consecuencias, según leemos en el versículo 19, y poniendo una condición en el versículo 20, que debemos tener en consideración, pues dice que “si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”… los religiosos en tiempos de Jesús entre nosotros, eran efectivamente estudiosos de las escrituras y procuraban someterse a las leyes, e incluso eran exigentes de que todos las cumpliesen, pero Jesús les hizo ver que, a pesar de su devoción por escudriñar las escrituras, no le encontraron a Él allí, pues “todas las escrituras hablan de mi” les enrostró, y al evaluar las palabras de Jesús entendemos que los mandamientos deben cumplirse para poder tener acceso al reino de los cielos.

Pr. Herman Gajardo P.