“18. Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos.
19. Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?
20. Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.
21. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.”
Génesis 50:18-21
Los versículos que leímos hoy nos recuerdan a José, siendo gobernador de Egipto, y vienen delante de él sus hermanos pensando que José los trataría como esclavos, pues su padre Jacob había muerto, y ellos habían vendido a José como esclavo, por lo cual estaban muy asustados por la decisión que tomaría José debido al daño que ellos le habían causado.
Ellos estaban conscientes que su mal proceder traería graves consecuencias sobre ellos y sus familias, y la incertidumbre de lo que iba a pasar con ellos los tenía muy apesadumbrados. Quizás una situación similar de desespero alguno de nosotros haya experimentado o esté ahora viviendo, y aunque reconozcamos que hicimos algo mal, el temor a lo que vendrá nos tiene intranquilos.
Pero José, reconoce que Dios siempre estuvo en control de todo, y les dice a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”, y esa respuesta trajo paz y alegría en los corazones de sus hermanos, pues entendieron que Dios aprovechó esa mala acción de ellos para demostrar que Él es Dios de Prodigios y puede cambiar lo malo para algo bueno. Solo Dios se merece toda la honra y la gloria por su gran amor y misericordia.
Pr. Herman Gajardo P.


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