“ 18. Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
19. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes,
20. y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas;
21. para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.”
Deuteronomio 11:18-21
Es inevitable hablar de Dios y reconocer su grandeza. Reconocer que nuestra vida no sería igual si Dios no nos hubiera escogido. Para nosotros nuestra vida comenzó cuando conocimos el evangelio. Antes sólo existíamos. Al entender esto reconocemos a Dios como lo más hermoso que a alguien le pueda suceder.
Pero nuestra vida comenzó mucho antes de nacer, nuestra vida estaba en manos de Dios. Él nos diseñó y nos dió vida para existir en esta tierra, pero además nos dió vida juntamente con Jesús cuando Él se levantó de entre los muertos nos enseña su Palabra. Jesús es el Autor de la vida, de hecho Él se presenta como el Camino, la Verdad, y la Vida, y Él nos trajo Su vida, la cual es eterna. Y los que creemos en Él, podemos decir abiertamente que tenemos vida eterna.
Conocer a Dios no nos deja ser los mismos, ahora somos diferentes, hemos conocido a nuestro verdadero Padre, a nuestro Hacedor, y hemos vuelto a casa, y Él nos estaba esperando, y nos mostró su amor, y nos recibió en sus brazos, y nuestro corazón y nuestra alma fueron tocadas por Dios, y todo cambió en nosotros, y reconocemos que el Señor nos libró de todo peso de culpa por causa del pecado que reinaba en nuestra vida, y nos perdonó, y nos lavó, y nos limpió de toda culpa, y nuestros pecados los echó en el fondo del mar, nos dice su Palabra.
Lea de nuevo los versículos de este escrito de hoy, y no olvide nunca el maravilloso amor de Dios por su vida, el cual nos dió a su propio hijo en propiciación de nuestros pecados, por eso no nos olvidamos de Dios, y repetimos una y otra vez aquel versículo de Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”, que Dios les bendiga y su amor les alcance en este día.
Pr. Herman Gajardo P.


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