“1. No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
2. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.”
Salmo 37:1-2
Muchas veces, las circunstancias adversas son tan agresivas, tan violentas, que aunque nuestros más cercanos nos animen a seguir adelante, que Dios sigue en control de todo, que debemos seguir esperando en el Señor, nuestra reacción a la situación que nos afecta nos hace sentirnos solos, nos desanimamos, nos desmotivamos, las fuerzas nos abandonan, y hasta vemos sonrisas sarcásticas debido a nuestro problema, y el agobio es superior a nuestro optimismo, y nuestro anhelo de salir del embrollo se aleja más y mas… por eso, Dios inspiró a David, para que dejara escrito, en el versículo que leemos hoy: “No te impacientes a causa de los malignos”, es como si Dios mismo nos confrontara, y nos enseñara a no perder nuestra confianza en sus promesas de protección, y nos insta con mucho amor a recuperar nuestra fe y además a ponerla en práctica.
Y hasta llegamos a pensar mal, y objetar el porqué a nuestros enemigos les va bien, y a nosotros que procuramos hacer el bien, a comportarnos de acuerdo a los preceptos aprendidos en las Sagradas Escrituras, pero nuestros resultados no son los que esperábamos, y soportamos con angustia no sentirnos realizados, pero, el mismo versículo termina con la siguiente declaración: “Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad”… no anheles sus logros, no envidies su riqueza, sus posesiones, o su status, pues ellos para lograr aquello cometen iniquidad, y Dios desecha la maldad y las malas intenciones, pero nunca despreciará a un corazón contrito y humillado (Salmo 51:17). Por lo tanto: “Fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).
Pr. Herman Gajardo P.


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