“14. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
18. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.”
Juan 17:14-18
En el párrafo que leemos hoy, nos encontramos con que Jesús sigue orando, y su ruego al Padre tiene un énfasis especial por aquellos que hemos creído en Él, independientemente de la época en que Él pronunció esta oración, y pudiese pensarse que Jesús intercedía solo por sus discípulos de ese entonces, pero la verdad es que su oración se mantiene aún vigente, aunque hayan pasado muchas generaciones, pues nuestro enemigo el diablo, sigue engañando a las personas y manteniendo al mundo bajo su gobierno, según nos enseñan las Santas Escrituras, en las cuales encontramos que sus artimañas son reveladas a sus hijos.
Es por esa razón que el Señor Jesús, en su oración, le ruega al Padre que no nos quite del mundo, sino que nos guarde del mal, de ese mal que impera en las filosofías y tendencias anti bíblicas que imperan en el mundo, lo cual les hace aceptar lo malo como bueno y lo bueno como malo, y esto produce incredulidad y lleva a las personas a alejarse de Dios y de sus preceptos. Jesús además enfatiza en que los que creemos en Él ya no pertenecemos al mundo, o sea a las ideas y estilos de vida del mundo, las cuales nosotros hemos dejado atrás y ahora nuestra vida es guiada por el Señor y su Palabra. Luego Jesús, en su oración, pide al Padre que nos santifique en su verdad y aclara que su Palabra es verdad, y así como el Padre envió a su hijo al mundo, Jesús nos envía a nosotros al mundo, por lo cual no debemos involucrarnos en las cosas del mundo, pues nosotros ya no somos del mundo. Bendito sea nuestro Dios.
Pr. Herman Gajardo P.


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