“ 14. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
16. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”
Juan 17:14-17
Estos versículos nos recuerdan una parte de la importante oración que Jesús tuvo a favor de sus discípulos y por supuesto también fue por nosotros, pues oró por los que seríamos salvos por la predicación de ellos. Jesús enfatizó en que seríamos aborrecidos, que el mundo no nos aceptaría, ni a nosotros, ni su Palabra ni sus preceptos, y que tendríamos serios problemas.
Hoy vemos cómo esta Palabra sigue vigente, y se cumple al ver lo que está sucediendo en el mundo en contra de los cristianos, hay países en que está totalmente prohibido el evangelio y hablar de Dios es causal de cárcel e incluso de muerte. Hay quienes mueren en condiciones de extrema violencia a manos de personas que odian el cristianismo. En los otros países en que aparentemente hay libertad para la predicación de la Palabra, existen grupos de personas que atacan a quienes predicamos lo que la Palabra enseña pues ellos se sienten perjudicados en su estilo de vida, que obviamente la Biblia no aprueba. Incluso exigen que se promulguen leyes que favorezcan sus liberales conceptos de vida, dejando nulas las enseñanzas bíblicas.
Esto es el principio de la persecución que comenzará en el mundo, por lo cual Jesús sigue siendo nuestro intercesor y pide al Padre que nos guarde del mal, pues ya no somos de este mundo, ahora somos ciudadanos del cielo, y pide a Dios que nos santifique, que no permita que nos contaminemos con las filosofías y conceptos del mundo, sino que Su Palabra nos santifique y que sea siempre el fundamento de nuestra verdad. Que Dios nos proteja de todo mal y que podamos vivir santa y piadosamente, hasta que Él vuelva por su Iglesia, y estemos para siempre con Él.
Pr. Herman Gajardo P.


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