“26. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
27. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
28. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!
29. Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”
Juan 20:26-29
La segunda vez que Jesús se aparece a sus discípulos, estos estaban todos juntos, incluyendo a Tomás que no estuvo presente la primera vez, y no creyó que Jesús había resucitado, pero todos sabemos que Jesús lo sabía todo, y no estaba ajeno a la incredulidad de Tomás, por lo cual, cuando viene por segunda vez a estar con sus discípulos, lo primero que hace es llamar a Tomás y decirle: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”.
Tomás, reacciona totalmente avergonzado de su torpeza, y solo atina a decir: “¡Señor mío, y Dios mío!”, Jesús sabe que Tomás está arrepentido de su actitud, pero no deja la situación al olvido, como si no hubiera pasado nada, sino que reconviene a Tomás y le dice: “Porque me has visto, Tomás, creíste;”… y le hace ver que son “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”, esto quiere decir que el creer, trae felicidad a nuestra vida, y los que creyeran a la Palabra del evangelio, serían bienaventurados.
Hay quienes sostienen que Jesús preparó de antemano esta situación de Tomás, para establecer el principio de “creer para ver” y que no fuésemos incrédulos pues Él se mueve en lo sobrenatural y por eso no debemos guiarnos por el humano concepto de “ver para creer”, y más aún Jesús establece que son “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”, como nosotros hoy, pues no vemos con nuestros ojos naturales a Jesús, pero creemos en su Palabra, y el Espíritu Santo nos convence de toda la verdad, y esto trae felicidad.
Pr. Herman Gajardo P.



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