“36. Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
37. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
38. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
39. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”
Mateo 26:36-39
Era una noche triste para Jesús, pues Él sabía todo lo que tenía que padecer, en su humana condición. Era un cúmulo de situaciones adversas que ocurrirían y todas giraban en su mente, la traición de Judas se haría realidad, Pedro lo negaría, y no una sino tres veces, los demás discípulos arrancarían y lo dejarían solo, les pediría que le ayudaran a orar y se quedarían dormidos, noche negra, silenciosa, tensa, implacable, la última noche entre nosotros.
En el versículo 37 leemos que toma a tres de sus discípulos, y junto a ellos, y con su corazón desgarrado, “comienza a entristecerse y a angustiarse en gran manera”, y les abre su corazón y les dice que “su alma está muy triste, hasta la muerte”, quizás al igual que cualquiera de nosotros cuando hemos atravesado un lapso triste y angustiante en nuestra vida, por causa de un problema, una enfermedad, o una difícil decisión que debemos tomar, también necesitamos a alguien a nuestro lado a quienes abrirle nuestro corazón y decirle lo triste que estamos.
El lugar donde estaban se llamaba Getsemani, y ese nombre significa: prensa de aceite, pues allí se trituraban las aceitunas para sacar el aceite de oliva, y esta noche era Jesús el que estaba siendo presionado por sus propios pensamientos y sentimientos, y en su oración, la cual repetía una y otra vez, le imploraba al Padre que “si es posible, pasa de mí esta copa”, quizás suplicando por otras alternativas que no fueran tan angustiantes, pero en su oración final comprende que debe cumplir su propósito y le dice al Padre “pero no sea como yo quiero, sino como tú”, en otras palabras “hágase tu voluntad, y no la mía”, y esto pues si desistía no habría salvación para nosotros, pero Jesús decide cumplir la voluntad del Padre y morir en nuestro lugar para expiación de todos nuestros pecados, y darnos acceso a la vida eterna si creemos en Él y en su sacrificio. Que su ejemplo de sujeción al Padre, sea hoy el impulso que necesitamos, para cumplir el propósito de Dios para nosotros en este tiempo.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.