“9. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,”

Colosenses 3:9

La mentira es un pecado que está implícito en el noveno mandamiento dado por Dios a Moisés, el cual dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16), y esto, pues no podemos darnos el lujo de engañar a nuestro prójimo, no se puede vivir en base a mentiras y engaños, aunque haya personas que toda su vida hayan mostrado a los demás lo que ellos en realidad no son. Hay quienes han engañado para conseguir un trabajo, otros más osados aún, han inventado títulos universitarios y nunca han estudiado; hay quienes son hábiles para usar artimañas y en base a mentiras han conseguido lo que tienen. Quizás usted sepa de algunas personas así, y los vemos como personas exitosas, pero en realidad son un fraude. La mentira es un fácil recurso que se utiliza para no ser sorprendidos en un engaño. Incluso para avalar una mentira se utiliza otra mentira. Que lastima que para muchos sea un estilo de vida, y para otros sea algo que tenemos que aceptar porque así somos.

Pero, la Palabra de Dios es enfática al respecto, y el versículo que leemos hoy dice: “No mintáis los unos a los otros”, o sea, es un mandato que tenemos que obedecer, y no podemos justificar nuestro mal proceder clasificando las mentiras como “blancas”, “pequeñas”, o “sin consecuencias graves”. La mentira es un pecado, y es parte de nuestra pasada manera de vivir, antes que conociéramos a Cristo. El versículo de hoy continúa diciéndonos: “habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”, o sea, ya no debe ser parte de nuestra vida, de nuestro actuar, en el ámbito familiar, laboral, estudiantil, o ministerial, pues como dijo Pablo, ahora: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”, Amén.

Pr. Herman Gajardo P.