“1. Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; Ni anduve en grandezas, Ni en cosas demasiado sublimes para mí.”
Salmo 131:1
Uno de los mayores problemas con que luchamos a diario es el orgullo, pues nuestra humana reacción frente a una victoria, al recibir un premio por algo, o a sobresalir de entre los demás, es a sentirnos precisamente así, orgullosos, y esto pues el orgullo es algo inherente a nuestra naturaleza pecaminosa, y aflora para sentirnos superiores a los demás, pero, la Palabra del Señor nos enseña que debemos mirar a los demás como superiores a nosotros mismos (Filipenses 2:3). El salmista, teniendo claro esto, escribe: “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron”, David había sido protagonista de muchas victorias, David tenía de qué enorgullecerse o vanagloriarse, pero siempre le dió la honra a Dios y le agradeció siempre su ayuda frente a sus enemigos.
Luego, dice: “Ni anduve en grandezas, Ni en cosas demasiado sublimes para mí”, la filosofía imperante en el mundo nos enseña a ser valiosos, a lograr cosas mayores, que no existen límites para nuestros sueños, que todo es posible lograr, aún lo que es imposible igual debemos luchar por alcanzarlo, definitivamente el mundo no considera a Dios en sus planes ni menos su Palabra escrita, y va en contra de todo lo establecido por Él, es lamentable pero es así, el mundo necesita conocer el evangelio de Jesucristo, y usted y yo debemos continuar siendo los embajadores del reino de los cielos. Sodoma y Gomorra sufrieron por ser pervertidos y orgullosos de serlo. Vuelve a la casa del Padre, Jesús es el camino.
Pr. Herman Gajardo P.


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