“9. No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.”
Salmo 27:9
Qué tremenda oración hace el Rey David y la escribe en este Salmo, y en el versículo que leemos hoy, abre su corazón y su oración ya es un clamor, que nos hace recapacitar en cómo hacemos nosotros nuestras oraciones, pues David enfatiza mucho en buscar y alcanzar el rostro del Señor, y pone mucho énfasis en que su oración sea escuchada por Dios, y no se guarda nada, es honesto, y es muy espontáneo e insistente, lo cual es un referente para nuestros momentos a solas con el Señor mientras oramos. La primera declaración que encontramos es: “No escondas tu rostro de mí”, acentuando nuevamente la importancia de la búsqueda del rostro del Señor, y en este caso, le ruega a Dios que no esconda su rostro de él, de manera que no le cueste encontrarlo en su intimidad, que no lo sienta lejos, pues no sentir al Señor es como que nos falta el aire, se nos va la vida, nos sentimos desvalidos, desprotegidos, sin sustento, sin fortaleza, sin socorro.
Luego dice: “No apartes con ira a tu siervo”, en otro Salmo al respecto escribe: “No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:11), demostrando su interés en permanecer siempre en Su Presencia. Después sigue escribiendo: “Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación”, destacando en su clamor su temor a que Dios lo deje, lo desampare, lo abandone, se ausente de su vida; lo mismo también es nuestro sentir hoy en nuestros días, pues solo de Él dependemos, solo Él es nuestro sustento, solo Él es todo lo que necesitamos en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestro hogar, en nuestro trabajo, lo necesitamos para que nuestros planes y metas se cumplan, pues sin Él no somos nada. No te apartes de nosotros oh Dios, no nos dejes sin ti.
Pr. Herman Gajardo P.


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