“15. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí,

16. diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.”

Hechos 4:15-16

El innegable milagro hecho por mano de Pedro y Juan causó una tremenda conmoción, los religiosos de ese tiempo no podían dar crédito a lo que veían, pues todos sus argumentos por opacar los milagros de Jesús y ahora se sumaban los milagros de sus discípulos, dejándolos en una posición vergonzosa para su ego, de hecho, lo primero que hacen es levantar cargos por causar desórdenes, debido al gentío que llegó a ver con sus propios ojos el milagro del cojo que pedía limosnas en la puerta del Templo, y que ahora andaba saltando gozoso por el milagro en su vida. Los detienen toda una noche en la cárcel, y al día siguiente los interrogan acerca de lo sucedido, ante lo cual Pedro y Juan le dan toda la honra y la gloria a Jesucristo, que les prometió llenarlos del Espíritu Santo para que recibieran poder de lo alto.

En los versículos que leemos hoy, vemos que no encuentran nada malo porqué acusarles, y se dan cuenta que los prodigios y milagros hechos por ellos, toda la ciudad de Jerusalén también son testigos, pues todos conocían al hombre cojo y ahora le veían totalmente sano. En la actualidad, la reacción de los contrarios al evangelio, sigue siendo la misma, pues quieren acallar a los mensajeros, y el mensaje del evangelio que es predicado, lo tuercen de acuerdo a sus propios puntos de vista, y siguen tratando de evitar creer y que otros crean en milagros hechos por Dios a través de sus ministros. Pero Dios sigue haciendo milagros.

Pr. Herman Gajardo P.