“8. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
9. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
2 Pedro 3:8-9
Estos versículos que leemos hoy, nos entregan una excelente enseñanza, pues muchas veces tendemos a pensar que la vida se nos pasa muy rápido, que las promesas que esperamos de Dios no se cumplen cuando nosotros lo esperamos, algunos incluso sueñan con inventar una máquina para viajar al pasado o al futuro, porque a nosotros el tiempo nos limita, pero Dios es infinito, para Él no existe el tiempo, Él habita la eternidad, Él es el principio y Él es el fin, entonces, en su soberanía Él maneja los tiempos, o sea, lo que realmente tenemos que hacer es dejar nuestra vida en sus manos, para que Él cumpla su propósito en nosotros..!!. En el versículo 8 leemos: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”, que nunca se nos olvide esto, especialmente cuando dejamos nuestra necesidad en sus manos, pues para nosotros puede demorarse, pero Él espera el momento preciso, de manera que siempre le demos la gloria a Él, y no a la suerte, a las circunstancias, o a nuestra paciencia.
En el versículo 9, nos enseña que de Él depende cuando venir, y no lo hará hasta que se cumpla todo lo que Él planificó, pues su amor es tan grande, que sigue esperando por aquellos que aún no se han arrepentido de sus malos caminos, nosotros, por nuestra parte debemos seguir confiando y esperando en su Palabra, manteniéndonos firmes y leales a Él.
Pr. Herman Gajardo P.



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