“25. Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; 27. porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.”

Hechos 20:25-27

En el discurso de despedida de Pablo en Mileto, que estamos analizando, enfatiza que él hizo todo lo que estaba a su alcance hacer, para transmitir el mensaje del evangelio de salvación. En el versículo 25 hace mención a que es posible que ya no se vuelvan a ver, pues el acoso y persecución en Jerusalén era inminente e inevitable para él, pues en su corazón ya había determinado ir y cumplir el propósito del Señor para él allí. Pero, en el versículo 26, les hace ver que él les habló todo lo que tenía que decirles, pues dice: “Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos”, o sea, su responsabilidad ya estaba cumplida, y nadie podría culparlo de lo contrario, y al hablar de “estar limpio de la sangre”, se refiere a que el futuro de los que oyeron el mensaje era de su exclusiva responsabilidad, pues, si creían serían salvos, pero si no creían, morirían irremisiblemente.

En el versículo 27, aclara el porqué dice eso: “porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”, o sea, todo el mensaje del evangelio de salvación ya había sido explicado, ahora dependía de ellos el creer en el evangelio. Al igual que hoy, hay muchos que han escuchado el evangelio, y lo vuelven a escuchar, pero rehúsan creer en Jesucristo, y no miden las consecuencias de sus decisiones, pues es su vida la que está en juego. No menosprecie usted la Palabra del Señor, pues Jesús sigue siendo el Camino, la Verdad, y la Vida.

Pr. Herman Gajardo P.