1. Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.”

Isaías 9:1

Qué hermoso es leer los escritos proféticos acerca del advenimiento de Jesús. En este versículo que leemos hoy, el profeta Isaías, inspirado por el Espíritu Santo, narra en parte el propósito de la manifestación de el Mesías, y escribe: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia”, pues la oscuridad espiritual, la detestable consecuencia del pecado entre nosotros, no fue pensada solo para el pueblo de Israel, sino que Dios muestra su inmenso amor para toda la humanidad, que sumidos en las tinieblas no teníamos esperanza de salvación, pero “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, en otras palabras, a pesar de nuestra naturaleza pecaminosa, Jesús igual muere por nosotros para salvarnos de la muerte eterna. La luz se hizo presente, y las tinieblas retrocedieron. Nuestra angustia, nuestra desesperanza, terminó con la llegada de Jesús a vivir entre nosotros.

El versículo termina con la siguiente declaración: “al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles”, nombrando incluso los lugares específicos en que Jesús se manifestaría. Recordemos que el último libro del Antiguo Testamento fue escrito unos 400 años antes de Cristo, y todos los libros que componen la Biblia profetizaban de Jesús. En estos días, de este mes de Diciembre, recordamos, o más bien celebramos, el nacimiento de Jesús, aunque no sea la fecha exacta, pero lo que sí es importante es que un día Jesús nació entre nosotros, y eso, trajo luz a la humanidad, la esperanza de redención llegó, y los ángeles, con mucho gozo, lo anunciaron como el Salvador del mundo. Nadie, es más importante que Jesús.

Pr. Herman Gajardo P.