“15. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
1 Juan 2:15-17
Para cerrar este párrafo, de esta su primera carta, el apóstol Juan hace un remache explosivo, un broche de oro, un consejo totalmente inspirado por el Espíritu Santo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”, de manera tal que, los creyentes de esa generación y de los que vendríamos después, tuviéramos muy claro nuestro enfoque solo en Cristo, y que no nos dejásemos seducir por las cosas del mundo, y la orden es imperativa: “No améis al mundo”, no te dejes atrapar por sus encantos, por sus filosofías, por su arte, por su música, por sus planteamientos sociales o políticos, ni nada que está en el mundo, pues nosotros no somos del mundo.
Además, el versículo 15 agrega: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”, así de enfático y determinante. Pero en el versículo 16 nos enseña el porqué debemos tener claro estos preceptos: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”, y al entender eso, nada será más importante, ni nada más interesante y beneficioso que depender solo de Dios y de sus enseñanzas.
El versículo 17 contiene el final de la declaración del apóstol, y dice: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”, Gloria a Dios..!!, con eso se dilucida toda duda que pueda venir a perjudicar nuestro comportamiento en nuestro entorno en donde Dios nos ha insertado, y nos ha puesto como referentes de su gloria y de su gracia, por lo cual procuremos hacer y cumplir su voluntad en cada uno de nosotros, pues solo así permaneceremos para siempre, o sea seremos considerados con los salvados, los redimidos del Señor.
Pr. Herman Gajardo P.



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