“34. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,

35. y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.”

Hechos 4:34-35

El concepto de unidad establecido por Jesús, y que para sus discípulos era solo una enseñanza más, con la llegada de Espíritu Santo y ser llenos de Él, vino a ratificar las enseñanzas de Jesús y además a hacerlas efectivas, pues al estar llenos del Espíritu Santo es Él el que actúa en nosotros, y se activa nuestra transformación al pasar de la oscuridad de nuestro conocimiento, a la gloriosa luz de su sabiduría, y eso es lo que sucedió entre los hermanos allí, pues lo que antes no sentían, ahora era parte de ellos, el amor los unos por los otros se había activado sobrenaturalmente, no era una buena intención de parte de ellos, sino que era la vida y el sentir de Cristo dentro de ellos, lo cual aún perdura en cada congregación que se dejan influenciar por el Espíritu Santo para sus decisiones y determinaciones; “ya no vivo yo  vive Cristo en mi”, escribió el apóstol Pablo, siguiendo en el mismo sentir de unidad y de amor por los demás.

Todo esto que estaba conmocionando no solo a una ciudad, sino también a toda una generación, ha trascendido en el tiempo y hoy sigue afectándonos a nosotros, quienes hemos dejado nuestra vida en manos del Señor. Los versículos que leemos hoy dicen: “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”, hermoso sentir, y hermoso ejemplo para cada uno de nosotros, pero solo se logra, de verdad y sinceridad, sin fingimiento, siendo llenos del Espíritu Santo.

Pr. Herman Gajardo P.