“3. Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5. Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.”

Hechos 28:3-5

La protección bajo la cobertura de Dios es una realidad, es como el peregrinaje del pueblo de Israel por el desierto, cuando una nube los guiaba de día y por la noche era una llama de fuego, y nada les faltaba, Dios los alimentaba y el vestido, y el calzado, en cuarenta años no se desgastó. El salmo 91:1 dice: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”, y eso sigue cumpliéndose cada día en los que confiamos y esperamos en el Señor. Al llegar a una playa, después del naufragio, Pablo y los demás juntan leña para encender un fuego y abrigarse, pero algo sucede, el versículo 3, que leemos hoy, dice que a Pablo lo muerde una víbora venenosa, y los lugareños al verlo, dicen: “Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir” (vv 4).

Pero, reitero que, Dios tiene todo bajo su control, y a Pablo nada le sucede. El versículo 5 dice: “Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció”, el enemigo nos puede amedrentar, una y otra vez, pero si nuestra confianza está en Dios, entonces cualquier problema lo podremos sacudir, echarlo al fuego, y olvidarnos de él, pues Dios “tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7).

Pr. Herman Gajardo P.